(reescrito) Capitulo 1: Prólogo La nada

 El Vacío y el reloj

Capitulo 1: Prólogo La nada

¿Quién soy? ¿Qué soy? ¿De dónde vengo? ¿Y a dónde voy? 

Esas deben ser preguntas que todavía te haces. 

Para mí ya no significan nada.Lo que te contaré a continuación podrá resultar incomprensible desde el universo en el que te encuentras. Será decisión tuya considerar estas palabras verdad o mera fantasía. Esta es mi historia…Me encuentro en un lugar oscuro, infinitamente amplio y vasto, tan inmenso que la vista no alcanza a encontrarle final. Lo único que consigo divisar es una pequeña mesa tenuemente iluminada de algún modo inexplicable, con un reloj de arena sobre ella y una silla a su lado.

Lo he visto infinidad de veces. No es la primera ocasión que estoy aquí.Me acerco a la mesa, tomo asiento y observo el reloj. Dentro de él, como su nombre indica, hay arena; pero no solo eso: también hay agua que ondea, imitando las olas del mar. Al chocar con la arena, genera espuma y burbujas.

Te preguntarás qué tan importante puede ser algo así.

Es crucial.

Aquí es donde tu concepción de la vida cambiará para siempre.Esas burbujas, que existen solo por un instante efímero, son universos enteros.

¿Por qué lo afirmo? Porque he estado dentro de ellos. Los he observado.

Por alguna extraña razón, mientras permanezco sentado en esta silla, puedo contemplar el desarrollo de cualquier universo dentro de la burbuja que elija. También puedo decidir entrar en él y vivir una vida mortal allí.En este punto tal vez pienses que soy una especie de dios.

No lo soy.

O al menos, eso creo.

No tengo el poder de alterar el rumbo de ninguno de esos universos.La primera vez que llegué a este lugar recuerdo mis acciones con claridad: comencé a correr y a gritar pidiendo ayuda en el idioma que entonces entendía. Pero por más que corriera, no lograba alejarme de la mesa más que unos pocos metros. Nunca encontré un muro. Y, curiosamente, no me cansaba.  Después de un tiempo me tranquilicé y decidí sentarme en aquella silla.

Al principio no comprendía nada.

Todo cambió cuando volví a mirar el reloj.Dentro, además del agua y la arena, se movían unos pequeños seres negros. Tres de ellos estaban en la parte superior del reloj, otros tres en la inferior, y uno justo en el estrecho embudo del centro. Al principio no entendí qué eran y no les presté mayor atención. Desvié la mirada hacia las burbujas.  Una de ellas brillaba con más intensidad.

Y ahí creí comprenderlo todo.  Dentro de esa burbuja estaba el lugar de donde provenía.

En ese instante pude ver a las personas que conocía, todas reunidas, vestidas de negro. Parecían tristes, angustiadas.

Estaban allí para un funeral.  Lo que más me estremeció fue darme cuenta de que la persona por la que estaban reunidos era yo.

Yo estaba muerto.

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