(reescrito) Capítulo 2: Limbo y Voluntad

Capítulo 2: Limbo y Voluntad

Me inundé de dudas. ¿Estaba soñando? Y si no era así… ¿qué era esto? ¿El cielo? ¿El infierno? ¿O ninguno de los dos? Entonces pensé: ¿estaré en el limbo? Ese lugar del que hablaban en el mundo de donde vengo, donde se decidía el destino de las almas: cielo, infierno o reencarnación. Era la explicación más lógica que se me ocurría en ese instante, aunque pronto muchas de mis preguntas encontrarían respuesta.Me dediqué a observar el transcurrir de las eras en diferentes universos. Noté las estructuras que adoptaban las burbujas al formarse. Cuando la espuma se liberaba, volvía a fundirse con el agua sin dejar rastro. Las burbujas que flotaban tenían particularidades distintas: algunas eran simples y únicas; otras se unían en dos o tres. Dependiendo de lo que ocurriera después, se creaban tipos distintos de universos.Si caían sobre la arena húmeda que dejaban las olas, se aplanaban como cúpulas: esos serían los mundos con seres mitológicos y fantásticos, los que en tu universo llaman «otro mundo». Si continuaban flotando, daban lugar a universos cuánticos, fríos y abstractos. Y si volvían a caer al mar… se oscurecían, se volvían negros y eran absorbidos por alguna de las presencias que habitaban dentro del reloj. Universos perdidos para siempre.Mientras observaba todo aquello, me di cuenta de que nunca había mirado mi propio cuerpo. Al hacerlo, descubrí que no era más que una silueta de luz pura… excepto por una parte. Mi brazo izquierdo se estaba tornando negro, como si una sombra lo devorara desde dentro. Un frío inexplicable me recorrió.Fue entonces cuando escuché la voz.—¿Qué ocurre? ¿No piensas entrar? ¿Debo decirlo yo… o quieres que vuelva a tomar tu lugar?Las preguntas llegaron claras, directas, como si alguien hablara desde muy cerca. Me giré, pero no había nadie. Solo la mesa, el reloj y la oscuridad infinita.—¿Quién eres? —pregunté, con la voz temblorosa—. ¿Qué es este lugar? ¿Por qué estoy aquí?Hubo un silencio breve, casi pensativo. Luego la voz respondió, serena y familiar, como si me conociera de siempre:—Parece que no recuerdas nada… y ahora entiendo por qué. Algo ocurrió antes de que dejaras el universo del que saliste. Algo que comenzó a corromperte. Pero no te preocupes… te explicaré todo con detalle. 

Después de todo, somos almas gemelas.

Yo soy tú… y tú eres yo.El silencio volvió, pero esta vez era diferente: cargado de promesas y de algo más profundo, algo que me hacía sentir que no estaba tan solo como creía.Y así terminó ese primer instante de lucidez en el vacío.

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