(reescrito) Capítulo 4: Antología
Capítulo 4: Antología
Si estás leyendo estas palabras es porque tu curiosidad te ha traído hasta aquí y te empuja a continuar explorando los recuerdos que en esta antología deposito. La primera historia que compartiré contigo será una que tuve en un universo cupular formado por cuatro burbujas: tres asentadas sobre la arena húmeda y una cuarta unida sobre ellas. Por el momento, todo lo relacionado con el tiempo te lo compartiré en términos humanos, ya que será más fácil para ti asimilarlo. Más adelante descubrirás los términos utilizados en el mundo del que te contaré.Al entrar en ese mundo cupular no sabía dónde reencarnaría, pero al parecer lo hice en el mundo donde habitaban los Demonios. Aunque en ese lugar el nombre real de la raza era Violantte.
Reencarné.
Todo comenzó en el segundo mes de invierno, en el territorio de Lady Vesphelia quod Affabilis (Vesphelia la Afable), en la ciudad capital de Ursatrea. Fui criado por Inarissa, una subordinada directa de Lady Vesphelia a la que llamaría madre adoptiva, y a Lady Vesphelia mi mejor amiga.Desperté en un universo cupular formado por cuatro burbujas: tres asentadas sobre la arena húmeda y una cuarta unida sobre ellas. Un mundo donde habitaban los Demonios, conocidos como Violantte, y donde la magia se manifestaba de forma tan intensa que marcaba el cuerpo desde el nacimiento.Abrí los ojos en una gran habitación llena de pequeñas cunas, similar a un hospital. Hembras Violanttes adultas cuidaban a los recién nacidos. Nos llevaban uno a uno a una habitación contigua, donde un destello de color distinto para cada niño se alcanzaba a ver desde los bordes de las puertas. Era la bendición de los Progenitores, que otorgaba nuestra inclinación mágica según los rasgos físicos: colores en ojos, piel, pelaje, cuernos, cabello o marcas como tatuajes.Cuando llegó mi turno, me encontraba frente al palacio de Lady Vesphelia. Ella invocó su bendición. El círculo mágico apareció bajo mis pies, trazado con runas antiguas que flotaban y giraban. Pero algo salió mal: aparecieron letras extrañas e incomprensibles. Lady Vesphelia llamó a una hembra Violantte. Aunque no entendía su lenguaje, noté que su voz era afable y armoniosa, de esas que te hacen sentir que todo estaría bien.Sin embargo, la bendición no se completó. El círculo se desvaneció en chispas. Lady Vesphelia pronunció unas palabras que no comprendí en ese momento, con un tono de tristeza al principio, pero las últimas sonaron más amistosas, como si se hubiera reencontrado con alguien querido. Lo único que capté fue una palabra:—Akkut.
Me sonrió, luego me entregó a la hembra Violantte que había llamado (Inarissa, aunque en ese instante desconocía su nombre). Me llevó a otra habitación del palacio.Inarissa comenzó a instruirme en el lenguaje que usábamos. Así supe que mi nombre era Akkut. También me enseñó los conceptos básicos del control mágico.Durante mi infancia, mi cuerpo estaba cubierto totalmente por una piel oscura, casi negra, como si rechazara la luz. Al usar poder, canales mágicos se teñían de escarlata brillante y recorrían mi epidermis como venas de fuego. Tenía orejas puntiagudas, cuatro ojos rojos en el rostro (sin nariz ni boca visible), cuatro extremidades: un par de brazos con cinco dedos y un par de alas membranosas con cuatro largos dedos unidos por una capa de piel similar a la de un murciélago. Era apto para cualquier tipo de elemento mágico.Inarissa me explicó que en los cuerpos de los Violantte existía un cristal que catalizaba el poder mágico: los llamaban Cristales Orius. Todas las razas conocidas (e incluso los humanos) poseían uno, pero en sitios diferentes del cuerpo según la especie.Los Violantte madurábamos tres veces más rápido que los humanos. Mi estadía en el palacio no sería larga, aunque sí problemática: tenía tanta magia que a veces se salía de control, y siendo pequeño no podía dominarla aún.A los cuatro años, Inarissa (que era una de las guardias personales de Lady Vesphelia) comenzó a instruirme en magia defensiva, uso de armas y combate cuerpo a cuerpo. Fue un tormento: no permitiría que el niño que Lady Vesphelia había acogido en el palacio fuera un debilucho, por mucho poder mágico que tuviera.Tras seis años en el palacio, tenía la maduración corporal completa, conocimientos mágicos básicos y habilidades suficientes en batalla para decidir mi rumbo.Solicité audiencia con Lady Vesphelia.Al reunirme con ella, su presencia era imponente: cuatro cuernos largos (dos apuntando a los lados e inclinados hacia arriba, con ojos incorpóreos flotando en las puntas; otros dos curvados hacia dentro, también con ojos incorpóreos). Raíces cubrían la parte superior de su rostro como un casco. Sobre ella flotaba un halo con puntas giratorias. Su cuerpo era similar al humano, con piel lila. Su voz seguía siendo esa misma mezcla de armonía y afabilidad que recordaba desde el nacimiento.Le pedí un maestro para magia ofensiva. Ella me miró fijamente y respondió:—Ha llegado el momento de que sepas la verdad sobre tu nacimiento. Te contaré una breve historia… una que cambiará cómo ves todo lo que te rodea.Y así comenzó la revelación.
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